Biografía

Nací en Barcelona. Corría el año 1954 del señor. Del señor Franco. Ocurrió el diez de septiembre y por aquella época todavía no se festejaba al día siguiente el "onze de setembre", fiesta nacional de Catalunya. Y no se festejaba porque, entre otras cosas, estaba prohibido.
 
Además de estar prohibido, a los chavales y chavalas de esa época y posterior, no nos enseñaban nada absolutamente que pudiera identificarnos con la historia de Catalunya. Ni el catalán. Por lo tanto, los que fuimos a escuelas de pobres (o de curas), no teníamos ni idea de esa festividad.
 
Mi padre era mecánico. De automóviles. Tenía un pequeño taller que compartía con su hermano Jesús en la calle Viladomat. Mi padre se llamaba Germán, como yo, y su hermano Jesús, también. Es decir, Jesús llevaba este nombre porque cuando nació mi padre hubo un follón en el registro y le pusieron Germán, igual que a Jesús (es decir Germán). Fue tal el embrollo (algún día lo investigaré a fondo) que a mi tío Germán, lo empezaron a llamar Jesús. No sé si me he perdido.
 
La cuestión es que el taller estaba comandado por Jesús (antes Germán, el mayor) y Germán, mi padre. Lo tuvieron treinta años y pasaron muchas cosas. Algún día, con tiempo, ya contaré. También tuvo muchos clientes y algunos importantes. El más importante de ellos fue el grupo alemán Bayer, una de cuyas sedes estaba ubicada un par de calles más arriba. En París (la calle) esquina Viladomat. Y "Talleres Ferrer" consiguió posicionarse, economicamente hablando, como el representante oficial de las reparaciones de los automóviles de la compañia. Por aquél entonces, que yo sepa, no existía el "renting" y claro, los chóferes de Bayer, encontraban oportuna la cercanía del taller.

Mi madre fue otra historia. Era, es, especial. Ahora es viejecita pero no ha perdido ni un ápice de la coquetería que la envolvía. Yo era demasiado pequeño para darme cuenta de muchas cosas. Y por supuesto, no llegué a comprender algunas hasta que empecé a ser mayorcito. Hasta entonces, como es natural, mi libido no entendía que para los demás que no fueran mi padre, mi madre estaba bien. Y además, era convincente. Y ella, sabiéndolo, "orientaba" frecuentemente el deseo de los demás (normalmente ellos), hacia el objetivo deseado. De hecho, aun intenta hacerlo. Esta virtud resultaba simpática hasta que se le conocía. De los "defectillos" no voy a hablar.

Bien, esta es mi biografía, no la de mi familia. Por eso, no quiero desviarme de mi camino para relatar cosas que llenarían un libro. Y yo me pierdo muy fácilmente. Así que, al grano. Con quince años me eché novia. Montserrat, era bastante "espiritual". Siempre dio la impresión de estar persiguiendo algo que no existía. Yo sí existía y después de estar saliendo con ella durante seis años, me mandó ir a la mili para luego casarnos. Tuve que plegarme a sus deseos, claro. Como mi primo estaba en la mili y era "furriel", (el que pone las guardias), me enchufó y me presenté voluntario. Me casqué dos años de servicio inútil. Por cierto, tuve un compañero que se llamaba Francisco Franco, un jeta y como es de suponer, a su alrededor ocurrían un sinfín de anécdotas debidas a su nombre. Y a su jeta. Por esa época entré en la Bayer. Creo que mi padre me ayudó. Años más tarde, cuando cerró el taller, yo le ayudé a él. Entro en la Bayer. El murió. Yo sigo ahí.

De la "mili" tengo muchos recuerdos. Algunos malos. Pero recordándolo en perspectiva fue una época simpática. Finalmente me licencié. Ya no existe ni el cuartel, que estaba en Sant Boi.

Como era de esperar, mi novia ya tenía la pistola apuntándome directamente al pecho. Mi boda fue bastante divertida. El párroco que nos casó era gay. Entonces se decía, un poquito amanerado. Hizo tantos aspavientos en la ceremonia que parecía una clase de danza. Resulto bastante divertida para los demás "clientes". Yo estaba muy nervioso buscando el anillo y me enteraba poco, la verdad. Además, mi madre me puso en los bolsillos del traje tal cantidad de regalos para el convite, que en cualquier momento parecía que me iba a echar a volar. Cajetillas de tabaco, puros, etc. Me balanceaba más que Fraga.

Montserrat también estaba muy nerviosa. Tan nerviosa, que habiendo parado el coche, se le ocurrió salir por mi puerta en lugar de la suya. Y al cerrar la mía, le di un portazo en la frente que tuvieron que atenderla por unos momentos. La cosa no pasó de ahí. La cuestión es que me duró veinticinco años más. Creo que es el límite de supervivencia de un matrimonio.

Eramos muy jóvenes, ella tenía diecinueve y yo veintiuno y claro, la gente creía que nos casábamos porque yo le había hecho un bombo. Pero pasaban los años y nada. Al tercero tuvimos a Eva. Una monada. Y años más tarde, a Marc. De momento un tío cojonudo. Y nos separamos...

Eso fue en el año 2000. Contrariamente a mi desesperación inicial, me dí cuenta de que se abría ante mi una época de erotismo y perversión. Descubrí el chat y todas las herramientas necesarias para conquistar a una mujer. Las aproveché todas. Estuve dos años de picos pardos pero representó mi llegada a la pobreza. Yo intentaba ser un "Gentleman" y a cada cita llevaba una cajita de bombones. Siempre la aceptaban aunque minutos más tarde me abandoran en medio del Paseo de Gracia. Este era entonces el lugar de encuentro mundial de las citas de "Lycos Love". Bueno, algunas también consiguieron que las invitara a cenar. También hay tema para un libro. Me abstengo de momento.

Llegado a este punto, conocí a Carmen. Me abdució. Es decir, la invité a mi casa y sigue ahí. Me refiero a que estamos muy bien. Dentro de lo bien que se puede estar en una pareja. Ya me entendéis...

Bien, hasta aquí un breve resumen de mi poco interesante vida. Pero si es cierto que estuvo salpimentada, como a todo el mundo le ocurre, con momentos felices y otros no tanto. Los malos prefiero olvidarlos.

¡Joder!, ¿habéis llegado hasta aquí?. Que moral. Hay mucho más pero ¡por Dios! no os voy a martirizar.

Gracias por escucharme.

Germán